Durante la Semana Santa, los colegios vivieron días profundamente significativos, marcados por el recogimiento, la reflexión y también por la alegría de compartir en comunidad. Alumnos, padres, apoderados y miembros de cada colegio participaron activamente en distintas instancias que permitieron acercarse, de manera concreta, al sentido de estos días.
A través de representaciones del Vía Crucis, los estudiantes pudieron comprender y vivir más de cerca los momentos centrales de la vida de Jesús, en un ambiente de respeto y participación. Esta actividad no sólo fue un espacio formativo, sino también una oportunidad para fortalecer la vida espiritual y el sentido de pertenencia a la comunidad escolar.
Junto a estos momentos de recogimiento, también hubo espacios de encuentro más festivos, como la entrega de huevitos o la representación de la última cena en el colegio Nocedal, que llenó de alegría a los más pequeños y reforzó el espíritu de celebración propio de este tiempo.
De esta manera, la Semana Santa se vivió como una experiencia integral, donde fe, comunidad y formación se unieron para ofrecer a las familias un espacio de encuentro significativo, reafirmando el compromiso de los colegios con la formación de lo humano y lo espiritual.










